Joaquín Ma Córdoba "Un caballero español en Isfahan"
La embajada de Don García de Silvia y Figueroa al sha Abbás el Grande (1614-1624)
Parte 1. Manuscritos y ediciones
Prólogo
Uno de los libros más interesantes de los escritos por viajeros europeos a Oriente se debe a un español, Don García
de Silva y Figueroa, embajador de Felipe III ante el sha Abbás el Grande de Irán, Pero como la muerte le sobrevino en
su viaje de vuelta a España, impidiéndole publicar sus notas y recuerdos, lo cierto es que hasta comienzos del siglo
XX no sería publicado su manuscrito completo en nuestro país. Desde entonces sin embargo, el valor de su figura y su
obra no han hecho sino crecer. Además de la descripción apasionante que Don García hizo de los paisajes y pueblos por
los que anduvo, su libro también supone la primera identificación cierta de Persépolis, y la primera propuesta de los
signos cuneiformes como escritura de los antiguos.
Era una tranquila y veraniega noche llena de estrellas, que la proximidad de las montañas del Elburz hacía singularmente
agradable. En los inmensos jardines del palacio de Qazvin, en el centro de un gran estanque cuadrangular de mármol,
mágicamente tallado en sus orillas por las luces de cientos de candiles de plata, que rielaban multiplicadas por las
ondas de las aguas, sobre una elegante plataforma de tres gradas de piedra se levantaba un hermoso cenador, sustentado
por cuatro grandes pilares de madera. En lujosas alfombras y cojines se acomodaban algunos magnates persas, vestidos y
tocados a la rica usanza de la época safaví, un europeo de severa estampa, barba y cabellos blancos, con el gallardo
traje de gala de la corte española, y un noble turco de albo turbante y túnica de raso leonado.
Entre la brisa y la suave música que sonaba más allá de las luces que rodeaban el estanque, los comensales compartían
una ligera cena compuesta por grandes platos de arroz, gallina y carnero, y otros de ciruelas, pepinos y rábanos.
El gran señor que centraba la reunión vestía una sencilla aljuba de color verde. Mediano de cuerpo pero robusto, desde
su perfil aguileno y enjuto dominaba la escena con el verdor de su vivaz mirada. Los comensales hablaban y reían,
jugando con las palabras y las dudas de los intérpretes, posponiendo para más tarde las partidas políticas que debían trabar.
Y es que aquella noche del 17 de julio de 1618, Don García de Silva y Figueroa, embajador de Felipe III de España,
se encontraba al fin tras un largo viaje de casi cuatro años con el sah Abbás al Grande de Irán.
Pero la luz de las candelas, el perfume de los jardines y la inmensa noche estrellada del momento con el que prologo el
recuerdo de su aventura no es literatura caprichosa, sino su escenario cierto. Y así lo narró después nuestro embajador,
con su prosa justa y contenida, en uno de los más bellos libros de toda la literatura europea de viajes a Oriente.
1. De ediciones, manuscritos y libros
Como no pocas veces a lo largo de nuestra historia cultural y política, malaventura y desidia se han unido para que la
persona, los escritos y las aportaciones de nuestro caballero hayan tardado tanto en ser reconocidos.
Sin embargo, hubo un admirado editor parisino, llamado monsieur De Wicqfort, que cuarenta y tres años después de la
desgraciada muerte que impidiera al español culminar su tarea, publicó la traducción francesa de un
manuscrito incompleto. L'ambassade de D. García de Silva Figveroa en Perse, que mereció cierta fama y estima, como
revela la atención que le dedicara el célebre viajero Jean Chardin. Pero la obra se sumiría luego en el olvido,
entre el alud de nuevas publicaciones cada vez más completas y llenas de grabados magníficos dedicados a Irán, que la
monumental recopilación de Antonio Invernizzi pone hoy de manifiesto.
La primera edición española del viaje y embajada de Don García de Silva y Figueroa hubo de esperar a los años 1903 y 1905.
Fue su autor don Manuel Serrano y Sanz, que publicó el texto completo de uno de los dos manuscritos conservados en la
Biblioteca Nacional (Ms 18217 y Ms 17629), ambos procedentes de la colección de Pascual Gayangos. M. Serrano y Sanz se
basó principalmente en el manuscrito 18217, que con acertado criterio consideró autógrafo de Don García de Silva, lleno
de correcciones hechas por la misma mano a lo largo de los muchos años que debió tardar en escribir, releer y corregir
esos impresionantes 546 folios conservados. Pero el editor decidió titular su publicación -también acertadamente-,
con el que aparece en cabeza del otro manuscrito, el incompleto 17629, copia también fechada en el siglo XVII, que si
faltó de los primeros libros cierra sus 447 folios con una valiosa nota relativa a la muerte de Don García. En todo
caso nos encontramos ante dos joyas de la cultura española, que se acompañan además de un mapa de Goa (éste sólo en el
Ms 18217), con los primeros dibujos serios realizados sobre los relieves de Persépolis, y la primera copia de una
inscripción de signos cuneiformes.
Pascual Gayangos y Arcé (1809 – 1897)
Manuel Serrano y Sanz (1866 –1932)
A partir de entonces, Don García de Silva ha ido poco a poco adquiriendo la fama y el lugar señero que le corresponde.
A finales de los sesenta, en su estudio sobre viajeros olvidados a Persia, A. Gabriel lo citaba elogiosamente entre
los más importantes, aunque atendiera por extenso a otros verdaderamente olvidados. En 1989, Luis Gil recopiló una
valiosísima colección de documentos relacionados con Don García de Silva, precedidos de un amplio estudio de las
relaciones políticas entre Irán y España, a más de dos breves capítulos dedicados al mismo Don García y a su embajada.
Poco después, Heleen Sancisi-Weerdenburg recordaría la persona y obra del español, aunque guiándose por la antigua e
incompleta edición de Wicqfort. En 1993, Carlos Alonso publicó una muy completa e interesante biografía y relato de la
misión en Persia, excelentemente documentada y de amena lectura.
Luis Gil Fernández (1927 – 2021)
Carlos Alonso del Real Ramos (1914 –1993)
Para entonces Don García era ya objeto de frecuentes
notas y aproximaciones académicas, y recientemente A. Invernizzi le ha restituido en todo su valor, tanto en su
excelente edición sobre Pietro della Valle -en la que analiza las dos series de dibujos de Persépohs conservados en
los manuscritos de Madrid-, como en la monumental antología de viajeros a Oriente, en la que incluso dedica más
páginas al español que al inmortal noble romano.
La obra de Don García de Silva es un venero de información, que apenas si ahora estamos empezando a valorar. Ante las
dificultades editoriales que supone aún la edición completa de su obra, una próxima antología dará idea al menos de los
hallazgos y las aventuras más señaladas de uno de nuestros más importantes viajeros a Oriente.
(continuará)
Arbor CLXXX, 711-712 (Marzo-Abril 2005), 645-669 pp.